Asociación de Trasplantados de Páncreas.

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sábado, 25 de enero de 2014

David Lozano, un canto a la vida



Logró más de diez títulos nacionales de mountain-bike y ciclo-cross, hasta que le diagnosticaron diabetes 1. Corre en el Novo Nordisk, un equipo americano formado por diabéticos del tipo uno, en el que todos sus ciclistas tienen esa enfermedad
24.01.14 - 07:23 - BENITO URRABURU


Su nombre prácticamente desapareció de las carreras de ciclo-cross y de mountain-bike hace dos años. El catalán, de Terrasa, David Lozano (25 años) lo había sido todo en estas dos especialidades. Logró seis títulos de campeón de España en ciclo-cross, cuatro de ellos en categoría sub 23 y dos juveniles.

En mountain-bike cosechó diez títulos en todas las categorías. De hecho, su llegada al mundo del ciclismo se produjo a los 9 años por medio del mountain-bike. La temporada pasada, de forma sorprendente, apareció en el mundo de la carretera, ¡en un equipo profesional!, el Novo Nordisk, una formación americana en la que todos sus ciclistas tienen diabetes tipo uno, que está corriendo la Vuelta a San Luis.

“Bebía doce litros de líquido al día”

Su vida cambió cuando le detectaron que tenía esa enfermedad. Había ganado muchas carreras, había corrido mundiales de ciclo-cross y mountain-bike. A los 22 años se encontró con que era diabético y se le cayo el mundo encima: «Mi padre es diabético y yo ya sabía lo que suponía esa enfermedad. Yo bebía doce litros de líquido al día. Veía que no era normal, hasta que me hice unas pruebas y salió la enfermedad. Me ingresaron en el hospital de Terrasa dos días».

Resultó un golpe brutal: « No me lo esperaba. Fue antes de correr la prueba de Igorre de ciclo-cross cuando me enteré que era diabético. Era líder del ránking de ciclo-cross de la Federación Española. Me hundí». Pasó a ser un ciclista enfermo y «lo noté. Me quedé un poco tirado. Yo vivía de lo que ganaba en premios, sobre todo en mountain-bike. Si ganaba carreras, ganaba dinero». Notó un cierto rechazó en algunas personas, en algunas instituciones: «Sí, notas, por detalles, que te ves señalado. Es como si con la mirada te dijesen, pobre, está enfermo».

Tuvo la suerte de encontrarse con Javier Megias, que durante cuatro temporadas corrió en el Saunier Duval, que también es diabético, lo que le permitió acabar corriendo en el equipo Type 1, integrado únicamente por ciclistas con esta enfermedad: «El me llevó a este mundo».

“Se me nublaba la vista”

Su vida comenzaría a girar desde ese momento a una velocidad de vértigo: «Nunca he corrido en aficionados en carretera. Nunca había estado en un equipo. El mountain-bike y el ciclo-cross son especialidades individuales. Pasé de tener que entrenar seis horas a la semana, a entrenar seis horas al día, una semana entera».

Cuenta David que «en los últimos tiempos antes de que diagnosticasen la enfermedad iba en bicicleta y no veía a un metro, se me nublaba la vista. Por eso fui a mirarme». Dice que su vida ha cambiado, pero no por la enfermedad: «Llevo un poco más de comida en carrera. Lo controló bien. Soy insulinodependiente. Por lo demás hago vida normal».

Tan bien se ha adaptado a su nueva formación que el año pasado ganó una carrera en Somerville, en los Estados Unidos. Se ha dejado ver en otras pruebas. Le ha llegado incluso alguna oferta a un ciclista que da la impresión de ser un diamante en bruto: «El año pasado corrí 70 días con este equipo, en el que estoy a gusto. El trato es excelente, pagan puntualmente. Yo antes vivía de las carreras que ganaba. Si conseguía premios, tenía dinero, sino, no. No tenía ninguna beca, ni de la Federación Española, ni de la Catalana ¡Fijate si me ha cambiado la vida! ¡Me pagan por correr!», explica.

Un cuerpo por hacer

«El cambio ha sido drástico. Pensaba que me costaría más. No sabía ni rodar en grupo. Mi cuerpo no estaba hecho a tantas horas de bicicleta. Noto que voy mejorando mucho». Corrió muchas pruebas de mountain-bike con Peter Sagan.

Le da un poco de apuro contar esa historia: «Sí, corrí con el muchas Copas del Mundo. Siempre quedaba delante de él. Eso me anima a seguir entrenando, corriendo».

Tiene una ilusión en su mente: «Quiero ganar una carrera. He pasado de ganar igual cuarenta carreras al año entre ciclo-cross y mountain-bike a no levantar los brazos más que para estirarme», comenta entre sonrisas. Quiere dejarse ver en san Luis. Luego correrá Mallorca, Vuelta a Andalucía, Vuelta a México. La Semana Coppi&Bartali, las vueltas a California, Uta, Colorado.

«El año pasado terminé la temporada con 70 días de competición y este haré ochenta. Voy a más, que es lo importante. El año pasado me cogieron cerca de la meta en dos ocasiones cuando iba escapado».

Su primera carrera como profesional fue ¡la Paris-Tours!: «Eran 270 kilómetros. El entrenamiento más largo que había hecho en 2012, cuando la corrí, era de 120 kilómetros. A seis kilómetros de la meta me quedé. Corrí con mi actual equipo que se llamaba Type 1».

Su cabeza sigue funcionandocomo la de un corredor de mountain-bike: «Si ganaba carreras, ganaba dinero. Y aquí es igual, pero no me importa hacer lo que me digan. Trabajar, estar atento a los cortes, atacar. Por lo menos ya sé ir en carrera. En la París-Tours hubo

abanicos. ¡No sabía lo que eran! Me quedé cortado hasta que entré a dar relevos. Por lo menos ahora voy cómodo en el grupo».

Cuidar las dosis de insulina

No quiere hablar mucho de su pasado como ciclista: «Gané una Copa del Mundo de mountain-bike y no se enteró nadie. Habré corrido quince mundiales entre ciclo-cross y carretera. El mountain-bike es como un sueño que te han quitado. En ciclo-cross corría cuatro o cinco carreras antes de los campeonatos y ganaba. Ahora quiero llegar lo más alto que pueda en la carretera».

El cambio que ha experimentado resulta espectacular: «No conozco la Vuelta al Bidasoa, ni las pruebas de la Copa de España, ni el Memorial Valenciaga, ni la Vuelta a Navarra, nada. No corrí en carretera. Pasé del mountain-bike a la París-Tours. Sé que cuesta creerlo, pero ahí están los datos».

La diabetes se lo permitió. «Mi vida no es extraña. Tengo que tener cuidado con las dosis de insulina. Se puede hacer una vida normal. También es cierto que tengo diabetes 1, que es la más benigna. Todos los que estamos en el equipo la tenemos. En San Luis, en el Novo Nordisk, hay dos españoles, un italiano, un belga, un holandés y, un australiano: «Hay otro equipo en América. Las enfermedades no tienen nacionalidades».

David Lozano continúa descubriendo un mundo desconocido para él en el que por el momento no ha encontrado techo.





 



Imagen: http://i1.ytimg.com/vi/FJiXnasstyE/maxresdefault.jpg
Publicado en http://www.diariovasco.com/20140124/deportes/ciclismo/david-lozano-201401240723.html

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