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jueves, 29 de mayo de 2014

Azúcar oculto


  • La amenaza para las personas que padecen diabetes
27 de mayo de 2014. 18:07h Beatriz Muñoz.

En los últimos años el concepto «cero por ciento» «bajo en...» o «sin...» se ha convertido en el mejor aliado para disfrutar de muchos alimentos, generalmente catalogados como «poco saludables», y donde el azúcar o las grasas ocupan, en su composición, un lugar preferente. Sin embargo, este tipo de productos inducen a la confusión del consumidor por la falta de claridad en el etiquetado y porque el azúcar aparece de forma oculta aunque no se denomine como tal, lo que puede tener consecuencias para algunas personas como las que padecen diabetes.

Aumento

Tal y como explica Serafín Murillo, nutricionista e investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas asociadas (Ciberdem), «el error al que pueden inducir estas afirmaciones, aunque son lícitas, puede tener unas mayores consecuencias para las personas con diabetes ya que puede descompensar sus niveles de glucemia. Por ejemplo, tomar unas galletas que indican "sin azúcar añadido" puede aumentar la glucemia, ya que contiene otros hidratos de carbono presentes en la harina con la que se han elaborado. Éstos no son azúcares, pero elevan la glucemia del mismo modo que cualquier azúcar».

Precisamente, ante esta situación, el consumidor tiene una percepción errónea respecto a los componentes de los alimentos. En concreto, y según un estudio realizado por Javier Noya, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, para la Federación de Diabéticos Españoles, «resulta muy destacable que más de la mitad de los españoles, el 60 por ciento concretamente, desconoce que los productos sin azúcar añadido pueden aportar otros hidratos de carbono que tras la digestión se convierten en azúcares». Al margen de este tipo de reclamos publicitarios, la investigación advierte del desconocimiento que muestran los encuestados en relación con la presencia natural de azúcares y otros carbohidratos presentes en los alimentos de forma natural.

HABITUALES

«Para la inmensa mayoría de los encuestados, existen unos "azúcares ocultos" ya que hasta tres de cuatro españoles no identifican alimentos como la leche o las frutas como alimentos que aportan estos nutrientes. Existe, sin embargo, algo más de conocimiento en lo relativo a los alimentos que contienen más hidratos de carbono, ya que sólo uno de cada cuatro encuestados ignora que patatas, pan o pasta son los más ricos en ellos. Esta desinformación puede tener un gran impacto sobre la salud y en especial la salud de personas con diabetes», explica Noya.

A modo de ejemplo, Murillo advierte de que «un pan de molde puede indicar "bajo contenido en azúcares" pero contiene muchos hidratos de carbono, en forma de almidón. Estos hidratos de carbono complejos –también presentes en el arroz, las pasta, la patata o las legumbres– se transforman en azúcares durante el proceso de digestión, por lo que se les podría denominar "azúcares ocultos tras el etiquetado nutricional del producto". Las personas con diabetes no deben centrarse en reducir el contenido de azúcares de los alimentos, sino que deben comprobar la cantidad total de hidratos de carbono que aporta ese producto». Y es que alimentos de consumo habitual como la leche también contienen azúcares ocultos. En concreto, si una persona toma un vaso de leche al día, al cabo de un año habrá ingerido más de 3,5 kilos de azúcares sin saberlo», añade el experto. Ante esta situación y dado que todos los hidratos de carbono se convierten en azúcares tras la digestión, es normal plantearse si da lo mismo tomar pan o azúcar. La respuesta, según Murillo, es «no. A pesar de que el efecto sobre el azúcar en sangre puede ser bastante similar, los hidratos de carbono complejos –como el almidón del pan, el arroz o la patata– suelen estar incluidos en alimentos más ricos en otros nutrientes como vitaminas, minerales o fibra, que aportan otros beneficios para la salud». Con la idea de poner un poco de luz a la oscuridad del etiquetado, el experto explica que «se etiqueta como ''bajo en azúcares'' cuando el contenido es inferior a 5 gramos por cada 100 gramos de alimento o ''sin azúcares'' cuando contiene menos de 0,5 gramos por cada 100 gramos. En cambio, sin azúcar añadido advierte que al producto no se le ha añadido ningún tipo de azúcar ni otro alimento para proporcionar sabor dulce».



Desconocimiento

Queda patente, por tanto, el gran desconocimiento que existe entre la población sobre la diabetes y sus necesidades nutricionales. Según el estudio, «el 50 por ciento de los españoles no sabe que un diabético sí puede ingerir alimentos que contengan hidratos de carbono, sólo que debe tener en cuenta el tipo de hidratos de cada alimento por su distinto impacto en la glucemia y controlar las raciones. Y más aún, el 45 por ciento de los españoles no conoce su nivel de azúcar en sangre».

La falta de claridad del etiquetado es el caballo de batalla al que se enfrentan muchos consumidores, en especial los diabéticos. «El etiquetado es claro pues se ajusta a los contenidos de nutrientes de los alimentos. El problema puede estar en que se escribe en un idioma que no entienden la mayoría de consumidores, y para interpretar muchos alimentos se necesita una elevada formación en nutrición. Es por ello que se debe acudir al experto para que ayude a comprender aquello que indica», sugiere Murillo.


Publicado en http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/6486131/salud/azucar-oculto-1#Ttt1QW0BoonLms1D


martes, 26 de noviembre de 2013

Un millón más de diabéticos en España en solo dos años

BIOMEDICINA Y SALUD: Epidemiología

Publicado el nuevo Atlas de la Diabetes

Mientras en unos países la ignoran por desconocida y en otros se le ha perdido el respeto porque no duele, el nuevo Atlas de la Diabetes advierte de que en los dos últimos años la prevalencia en España ha aumentado un 33,41% en adultos. Si la población no se decide a combatirla con dieta sana y ejercicio, en 2035 serán el doble: 5,1 millones de enfermos, tantos como los habitantes de la Comunidad Valenciana.



María Martín | 14 noviembre 2013 07:00

Hoy, Día Mundial contra la Diabetes, ¿cuántos lucirán en la solapa o en su perfil de Facebook un círculo azul, símbolo de la lucha contra esta enfermedad? Seguro que menos de los que sienten la necesidad solidaria de vestir el lazo rosa o rojo. La mayoría desconoce que la diabetes mata a más de 25.000 españoles cada año, frente a los 6.300 fallecimientos por cáncer de mama o el millar de muertes del sida. Es una asesina silenciosa que se sirve de la ignorancia y de un estilo de vida insano.

La Federación Internacional de la Diabetes (IDF, en sus siglas en inglés) ha dado hoy a conocer las cifras que arroja el último atlas de esta dolencia: hay 382 millones de casos en el mundo, de los que el 46% aún no han sido diagnosticados. En 2011 había un total de 366 millones de diabéticos de entre 20 y 79 años, por lo que la enfermedad ha 'captado' a otros 16 millones en solo dos años.


Uno de cada diez habitantes del planeta será diabético en el año 2035, según el nuevo informe

El Atlas de la Diabetes es una estimación bioestadística de la prevalencia actual de la enfermedad en el mundo y de la evolución que experimentará en el futuro. Este análisis bienal es elaborado por la IDF, que aglutina 200 asociaciones de pacientes y sociedades científicas de 160 países, incluida la Sociedad Española de Diabetes (SED). Los datos se recaban tanto en revistas científicas como de estadísticas de las administraciones nacionales, organismos internacionales e investigadores.

Un futuro oscuro

Uno de cada diez habitantes del planeta tendrá un páncreas que no produce suficiente insulina para mantener los niveles de glucemia normales en el año 2035. IDF alerta de que si no se adoptan políticas más ambiciosas y adaptadas a la particularidad cultural de cada región, en el plazo de 22 años el total de diabéticos será el doble: 592 millones, tantos como toda la población de Estados Unidos, Brasil y Alemania juntos.

Alrededor del 90% de los diabéticos sufren diabetes mellitus o tipo 2. Es el trastorno metabólico más común y da la cara en la edad adulta debido a la obesidad y el sedentarismo, por lo que se puede evitar. Las otras dos categorías más frecuentes son la tipo 1, que se diagnostica en la infancia, y la diabetes gestacional.

En España, la evolución de la diabetes ha ido pareja al avance mundial. Entre 2011 y 2013 ha aumentado el número de casos en un 33,41% y la previsión de la IDF para 2035 coincide en que la cifra de diabéticos, como en el conjunto del planeta, se duplicará de 2,8 a 5,1 millones de afectados.

Actualmente, la IDF calcula que la tasa de prevalencia nacional (casos en adultos/población adulta total) es del 10,83%, lo que supone que se ha disparado un 33,09% desde 2011. Y seguirá esa tendencia al alza con un 14,39% previsto para el año 2035, de acuerdo con el Atlas de la Diabetes.

"La prevalencia real de la diabetes tipo 2 en España ya es del 13,8%, como recoge el Estudio di@bet.es que se realizó en 2011 en 5.800 mayores de 18 años de todo el territorio nacional. La tasa del Atlas se sitúa en 10,83% porque es una estimación", añade Franz Martín Bermudo, vicepresidente de SED y catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

Una patología carísima

A pesar de los esfuerzos de especialistas, asociaciones y administraciones por divulgar la prevención, el número de españoles que no saben que padecen diabetes sigue siendo muy elevado: 1.387.000 afectados, el 36,59% del total, lo que incide tanto en las complicaciones como en los fallecimientos y en el gasto sanitario.

Las arcas públicas españolas soportan un coste medio por diabético de 2.449 euros al año, cerca del doble de la media global. La factura mundial ya consume 571.000 millones de dólares, lo que supera con creces las estimaciones de gasto de 490.000 millones que previó la IDF para 2030. Ni por esas se invierte la tendencia.

Paradójicamente, la mayoría de estos diabéticos tienen en su mano la posibilidad de no serlo. Leonor Guariguata, bioestadística de la IDF y miembro del Comité Ejecutivo del Atlas de la Diabetes, asegura a SINC que “se ha comprobado que hasta el 80% de casos de diabetes tipo 2 en pacientes de alto riesgo pueden ser prevenidos adoptando un estilo de vida sano. En gente que ya tiene diabetes, estos cambios también son elementales para prevenir el desarrollo de complicaciones como amputaciones, derrames cerebrales, ceguera o fallecimientos”.

Entonces, ¿por qué tanta resistencia? “No se teme a la diabetes porque no duele”, explica el doctor Martín Bermudo. “No es contagiosa y su avance no se siente hasta que las complicaciones son irremediables. En los certificados de defunción no figura que la muerte es debida a la diabetes sino a fallos orgánicos. Estamos trabajando para que sí aparezca esta causa y la gente se conciencie de que mata”.

La falta de miedo unida a una pésima dieta, el sedentarismo y una mayor esperanza de vida son los motores de esta pandemia en nuestro país. En el caso de los países empobrecidos habría que añadir, como subraya Guariguata, “el escaso acceso a buenos servicios sanitarios de calidad y el crecimiento de las poblaciones urbanas”.

Sudar más, comer más y mejor

El apego a la comida basura y el sofá no se explica únicamente desde la pereza o la glotonería. “Dar órdenes a la gente no funciona –advierte Martín Bermudo–. En unas jornadas sobre diabesidad, un término que hemos acuñado para asociar la diabetes y la obesidad, los psicólogos clínicos nos hicieron ver que obligar a una persona a que cambie su estilo de vida es una técnica invasiva más. Tus hábitos están relacionados con la vida social, las relaciones familiares, tu intimidad. Que se metan en ellos molesta más que una colonoscopia”.

Por eso, el portavoz de la SED defiende que se produciría un punto de inflexión si se apostase por una buena educación en salud durante los primeros quince años de vida, y se diese a los diabéticos terapia conductual para salvar ese estilo de vida pernicioso; un método que ya ofrecen clínicas privadas de Estados Unidos.

Sin olvidar un cambio de mentalidad de los poderes políticos, económicos, empresariales y sociales, insiste Martín Bermudo: “El gobierno sueco aplica desgravaciones fiscales a las empresas que dedican una hora de la jornada a que sus trabajadores hagan deporte. Eso sí es luchar contra la diabetes”.

No es una enfermedad de ricos ni de viejos

Hombre urbanita de entre 40 y 70 años es el perfil medio del diabético tipo 2 en todo el mundo. La estadística destierra la falsa creencia de que es una enfermedad de personas mayores. El 80% tienen entre 40 y 59 años y habitan países pobres o en vías de desarrollo, como recoge el Atlas de Diabetes 2013 de la IDF.

China vuelve a encabezar el top ten de los países con más afectados: 98 millones. Le sigue India, con 65,1 millones. Tokelau, un pequeñísimo archipiélago ubicado al sur del Pacífico, ostenta el primer puesto de la tasa de prevalencia con un 37,5%. En el futuro, África, con un incremento de enfermos del 109%, junto con Oriente Medio (96%) y el sureste asiático (71%) serán los motores de ese luctuoso despegue previsto para 2035.

La bioestadística Leonor Guariguata comenta que “las islas del Pacífico, y muchas otras islas en el mundo, han tenido un desarrollo económico en los últimos 30 o 40 años que ha revolucionado el ambiente. Además, se ha encontrado que ciertas poblaciones de las islas del Pacífico están predispuestas genéticamente a desarrollar la enfermedad”.

Europa figura como la región con la menor tasa de prevalencia, aunque es la primera en diabetes tipo 1.



Fuente: http://www.agenciasinc.es/Reportajes/Un-millon-mas-de-diabeticos-en-Espana-en-solo-dos-anos