Hoy de nuevo ha salido a la luz una noticia negativa con la que no estamos de acuerdo. ¿"Las personas con diabetes tipo 2 no se implican en el control de su enfermedad"? No podemos generalizar con temas como este, porque tienen otra lectura muy conveniente para los que gestionan los dineros públicos.
Ni todos los diabéticos tipo 2 son iguales. Hoy la imagen que de daba era la de unos gordos irresponsables, como han aparecido en fotos desde distintas asociaciones. No son, ni somos, unos descerebrados a los que les importe un comino su estado de salud, pero defenderlo puede significar algo que ya oí de boca de representantes políticos sin escrúpulos de distintos partidos: si nos importa nuestra vida un pito, y "hacéis lo que os da la gana", ¿para qué invertir recursos en vosotros?. Y ahí está el meollo. "Primero dejamos en prensa lo cafres que son, que ya iremos después quitando prestaciones". Sí, eso es lo que piensan muchos de los que le tienen un apego increíble a su silla de poder. El colmo es que encima vayamos las asociaciones a señalar a un grupo de nosotros, para ponernos medallitas por lo bien que estamos los del otro grupo. Pero, ¿qué grupos de diabéticos hay? Tipo 2 y tipo 1, es un resumen demasiado simplista. Para muchos miembros de las directivas de asociaciones de diabéticos están "los que nos cuidamos", y "los que no". Y qué listos somos los que nos cuidamos.
Deberíamos pararnos un momento y analizar por qué unos sabemos cuidarnos, y por qué otros no. Convendría que viéramos de vez en cuando el programa de Canal Sur La Báscula, para que seamos conscientes los que tanto sabemos de la poca educación nutricional que hoy se tiene. En la calle no se sabe cuantificar los hidratos de carbono de un filete de pollo: "¡cero, leches, cero, salvo que lo empanemos!". Y "empanaos" andan muchos, porque no nacemos sabiendo.
Esta misma tarde lo hemos estado hablando Mari Carmen Lapeira, presidenta de la Asociación de Personas con Diabetes Los Molinos, y yo. Lo fundamental es la educación diabetológica. Es por eso por lo que hoy ella ha estado cerrando el calendario de actividades de su asociación con talleres, con cursos y con actividades lúdicas donde todos aprendemos; Y aprendemos de nosotros mismos, y, lo más importante, de los profesionales que vienen a educarnos.
Los diabéticos tipo 2, que encima la mayoría tiene más de 50 años, no reciben de forma sistemática educación diabetológica, como sí la recibimos los tipo 1, los de la diabetes "juvenil". Me contaba hoy Mari Carmen que a veces se establece una batalla entre pacientes para dilucidar cuál de todos tiene una "diabetes más mala", cuando la única diferencia que hay es qué conocimientos tenemos, hasta dónde queremos llevarlos a la práctica, y durante cuánto tiempo, porque no hay tratamiento que no te defraude, que no te desespere, y más con una enfermedad crónica como pueda ser la nuestra.
Las dos, Mari Carmen y yo, estamos de acuerdo en todo esto, y hay más: no podemos criminalizar a los pacientes que no siguen su dieta de modo continuo, porque el primer síntoma que tenemos cuando se nos sube el azúcar es el hambre. Nosotros tenemos que luchar contra una impulso, una necesidad, que si la cubrimos, nos suicidamos poco a poco. Si a ese síntoma le sumamos la ansiedad, el hambre es un acompañante perenne contra el que luchar. ¿Cómo podríamos culpabilizar a alguien que padeciera una enfermedad en la que el principal síntoma fuese abrirse las venas? Tendría que tratarse una y otra vez en los Centros de Salud con cirugía ambulatoria, y poco más. ¿Os acordáis de aquel chimpancé con la pulsión en una de sus manos de dar golpes, y al que sus compañeras no se le acercaban?, ¿os acordáis de su sufrimiento?
No; en Alcalá no estamos dispuestas a criminalizar a nadie, y menos como trampolín para que mañana nos dejen sin glucómetros o sin tiras para autoanálisis, que por ahí van los tiros.
Beatriz González Villegas.
Asociación de Trasplantados de Páncreas.
astxpancreas@gmail.com
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viernes, 12 de abril de 2013
viernes, 8 de febrero de 2013
Los que generalizan sobre las personas con diabetes.
Si tienes diabetes seguro que me entiendes si te digo que estoy cansada de los que me culpan sobre cómo estoy respecto a la diabetes que padezco. Si no, también me entiendes si en lugar de diabetes te hablo de cualquier otra enfermedad crónica. ¿A cuántos no nos ha pasado eso de encontrarnos en la calle con alguien que ni nos conoce, pero que se toma la libertad de juzgarnos?
- ¡Ayyyyyyyyyyy!, ¡si estás más gorda!
- No, señora, mire, estoy embarazada.
- Pues algo has hecho tú, ¿eh, pillina?
Y acabas sonriendo y alejándote de la entrometida de las narices por no meterle un bolsazo en plena calle.
Pues volviendo a la diabetes, es muy común que nos culpen, que nos den consejos o que nos riñan sin tener ni idea de lo que es vivir con algo como esto, que ni se cura ni se va. Puedes optar por dos soluciones principales: la de enfadarte hasta los intestinos, cosa que no va nada biien con esto que padecemos, porque -por más que una enfermera de la era de los dinosaurios de mi centro de salud lo niegue- cuando nos estresamos hacemos hiperglucemias. En cristiano: se nos sube el azúcar; Y la segunda opción es la de contestar. Sí, ya sé que estarás pensando que hay otra: callarte y seguir. Eso nos es opción porque te lo llevas dentro y terminas enfadándote. Más estrés, ni hablar. He pasado muchos años haciendo eso y caro lo pagué. Hoy me da por contestar.
Hace unos días tuve que ir de acompañante a una cura. Allí, con la enfermera, estuvimos charlando. Cuando supo de mi historia clínica por mi acompañante, y sin más betadine que mediase, me soltó lo típico.
- ¡Huuuuuuuuuuuuuuuy! ¿Trasplantada de páncreas?, ¡tú has debido hacer lo que te ha dado la gana toda la vida!
Cuando el que te acusa no tiene ni formación ni cultura ni asertividad te rebuznaría cosas peores como el "¿y ya no te dan ataques?", "¿y ahora ya no es contagiosa?", "no, si yo ya veía que hacías cosas raras"...
¿Te imaginas llegar a una fiesta y presentarte con un "hola, ya me trasplantaron y ya no contagio"? Manda huevos. Como digo siempre, para la diabetes hay medicamentos, pero para la estupidez, no. Se cura leyendo entre otras cosas, y el que te lanza imbecilidades como esas te apuesto algo a que no lee ni las indicaciones de uso de un condón.
Cuando nos juzgan con esa simpleza, y desde la acusación, hay que educarles. Es con la educación en diabetes con lo que todos nosotros hemos mejorado nuestra calidad de vida de forma radical; así que también será con la educación con lo que no tendremos que explicar por todos lados en qué consiste nuestra enfermedad cuando en muchos lugares del mundo está siendo una pandemia.
En las escuelas, en las asociaciones, en los grupos sociales que sean tendremos que informar sobre la diabetes para que sepan a qué riesgo se están enfrentando. No somos sólo los que ya la sufrimos, sino todos los que hoy han olvidado los estilos de vida saludables, relacionados con la actividad física, con la alimentación sana, ésa que hacían las madres de antes y que hemos de volver a hacer las madres de ahora o las del futuro. Por otro lado tendremos que exigir a los que dicen representar la sanidad que no generalicen, porque generalizando matan.
Que sí, que matan. Si el 50% de los diabéticos, según la señora ésta, hacen lo que les da la gana, son culpables de su empeoramiento. Y si hacen lo que les da la gana no precisan medidores de glucemia ni el gasto en tiras. Y de golpe nos vemos con otra restricción de recursos económicos para nosotros.
Pero nadie pone en tela de juicio (salvo algunas mentes privilegiadas com la del Dr. Relimpio) el porqué se ha cambiado del uso de antidiabéticos orales habituales a otros más caros y más nuevos. Según datos, sólo en Andalucía, y por esta razón, se eleva el gasto sanitario de un millón y pico de euros a novecientos millones. Habrá que pedir explicaciones a alguien del porqué el cambio, y si el cambio de lo conocido a lo nuevo supone un beneficio equivalente en morbilidad.
En fin, que cuando nos vuelvan a soltar una estupidez como esta
- ¡Huuuuuuuuuuuuuuuy! ¿Trasplantada de páncreas?, ¡tú has debido hacer lo que te ha dado la gana toda la vida!
mejor contestaremos.
- Pues sí, es verdad, como usted.
Beatriz González Villegas.
- ¡Ayyyyyyyyyyy!, ¡si estás más gorda!
- No, señora, mire, estoy embarazada.
- Pues algo has hecho tú, ¿eh, pillina?
Y acabas sonriendo y alejándote de la entrometida de las narices por no meterle un bolsazo en plena calle.
Pues volviendo a la diabetes, es muy común que nos culpen, que nos den consejos o que nos riñan sin tener ni idea de lo que es vivir con algo como esto, que ni se cura ni se va. Puedes optar por dos soluciones principales: la de enfadarte hasta los intestinos, cosa que no va nada biien con esto que padecemos, porque -por más que una enfermera de la era de los dinosaurios de mi centro de salud lo niegue- cuando nos estresamos hacemos hiperglucemias. En cristiano: se nos sube el azúcar; Y la segunda opción es la de contestar. Sí, ya sé que estarás pensando que hay otra: callarte y seguir. Eso nos es opción porque te lo llevas dentro y terminas enfadándote. Más estrés, ni hablar. He pasado muchos años haciendo eso y caro lo pagué. Hoy me da por contestar.
Hace unos días tuve que ir de acompañante a una cura. Allí, con la enfermera, estuvimos charlando. Cuando supo de mi historia clínica por mi acompañante, y sin más betadine que mediase, me soltó lo típico.
- ¡Huuuuuuuuuuuuuuuy! ¿Trasplantada de páncreas?, ¡tú has debido hacer lo que te ha dado la gana toda la vida!
Cuando el que te acusa no tiene ni formación ni cultura ni asertividad te rebuznaría cosas peores como el "¿y ya no te dan ataques?", "¿y ahora ya no es contagiosa?", "no, si yo ya veía que hacías cosas raras"...
¿Te imaginas llegar a una fiesta y presentarte con un "hola, ya me trasplantaron y ya no contagio"? Manda huevos. Como digo siempre, para la diabetes hay medicamentos, pero para la estupidez, no. Se cura leyendo entre otras cosas, y el que te lanza imbecilidades como esas te apuesto algo a que no lee ni las indicaciones de uso de un condón.
Cuando nos juzgan con esa simpleza, y desde la acusación, hay que educarles. Es con la educación en diabetes con lo que todos nosotros hemos mejorado nuestra calidad de vida de forma radical; así que también será con la educación con lo que no tendremos que explicar por todos lados en qué consiste nuestra enfermedad cuando en muchos lugares del mundo está siendo una pandemia.
En las escuelas, en las asociaciones, en los grupos sociales que sean tendremos que informar sobre la diabetes para que sepan a qué riesgo se están enfrentando. No somos sólo los que ya la sufrimos, sino todos los que hoy han olvidado los estilos de vida saludables, relacionados con la actividad física, con la alimentación sana, ésa que hacían las madres de antes y que hemos de volver a hacer las madres de ahora o las del futuro. Por otro lado tendremos que exigir a los que dicen representar la sanidad que no generalicen, porque generalizando matan.
Que sí, que matan. Si el 50% de los diabéticos, según la señora ésta, hacen lo que les da la gana, son culpables de su empeoramiento. Y si hacen lo que les da la gana no precisan medidores de glucemia ni el gasto en tiras. Y de golpe nos vemos con otra restricción de recursos económicos para nosotros.
Pero nadie pone en tela de juicio (salvo algunas mentes privilegiadas com la del Dr. Relimpio) el porqué se ha cambiado del uso de antidiabéticos orales habituales a otros más caros y más nuevos. Según datos, sólo en Andalucía, y por esta razón, se eleva el gasto sanitario de un millón y pico de euros a novecientos millones. Habrá que pedir explicaciones a alguien del porqué el cambio, y si el cambio de lo conocido a lo nuevo supone un beneficio equivalente en morbilidad.
En fin, que cuando nos vuelvan a soltar una estupidez como esta
- ¡Huuuuuuuuuuuuuuuy! ¿Trasplantada de páncreas?, ¡tú has debido hacer lo que te ha dado la gana toda la vida!
mejor contestaremos.
- Pues sí, es verdad, como usted.
Beatriz González Villegas.
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