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miércoles, 8 de abril de 2015

Cómo la soledad daña tu salud


Además desmitificamos algunas creencias y la mejor forma para superarla.
Cuando la reconexión no es fácil o no es posible las personas pueden permanecer en este estado de soledad incómoda un gran número de años / Créditos: iStock by GettyIm


Por: Redacción Quo
Lunes 06 de abril de 2015


La vida moderna nos está haciendo más solitarios, y las investigaciones recientes indican que éste puede ser el siguiente problema de salud pública más grande a la par con la obesidad y el abuso de sustancias. Una reciente revisión de estudios indica que la soledad aumenta el riesgo de mortalidad en 26%.

La soledad es un problema creciente en la vida moderna. El Fondo Urbano de la Iglesia de Inglaterra encontró un aumento de 10% en los últimos tres años en los miembros del clero que sentían que el aislamiento social era un problema importante en su área local. Otra encuesta realizada por la Fundación de Salud Mental encontró que en el Reino Unido uno de cada diez se siente solo a menudo y 48% de las personas piensan que estan más solos en general, expone la psicóloga Rebecca Harris de la Universidad de Bolton en The Independent.

Los cambios en la sociedad moderna se considera que son la causa. Las unidades familiares son nucleares; por lo que la familia extendida es lejana. La distancia entre nuestra casa y el resto de amigos y familiares suele aumentar conforme las ofertas de trabajo cambian. También se cree que creciente dependencia de la tecnología en lugar de interacción cara a cara nos hace sentir más aislados. En conjunto nos sentimos menos conectados a los demás y nuestras relaciones son cada vez más superficiales y menos gratificantes.

Somos animales sociales y necesitamos sentir que "pertenecemos" a los demás y nos sentimos conectados entre sí. El dolor social es tan real para nosotros como el dolor físico; los investigadores han demostrado que la soledad y el rechazo activa las mismas partes del cerebro como el dolor físico.

¿Por qué nos sentimos así?

La soledad nos afecta a todos en algún momento de nuestras vidas. Trasladarse a una nueva área, la pérdida de un ser querido, y comenzar un curso en la universidad son momentos clave cuando las personas se sienten solas. La investigación sugiere que esta experiencia de la soledad es útil para nosotros ya que nos motiva para volver a conectar con los demás y buscar nuevas amistades para reducir el "dolor social" que sentimos, escribe Harris.

Pero para algunos, cuando la reconexión no es fácil o no es posible, si una persona está socialmente aislada, las personas pueden permanecer en este estado de soledad incómoda un gran número de años. Los informes varían, pero los números típicos de personas en situación de soledad en este rango de forma prolongada se eleva al 30%.

Para aquellos que experimentan soledad por un largo tiempo, la investigación ha demostrado que repercute en su salud de una manera superior a fumar 15 cigarrillos al día o ser obeso. La soledad también se ha relacionado con una mala salud mental. En una encuesta realizada por la Fundación de Salud Mental, más de un tercio de las personas encuestadas se habían sentido deprimidas como resultado de sentirse solas.


¿Es de viejitos?


Hay una serie de mitos sobre quienes experimentan soledad. Ciertamente, todos la sentimos de vez en cuando, pero se sabe que la soledad afecta especialmente a las personas mayores que pueden estar aisladas socialmente debido a la disminución de movilidad y la pérdida de amigos y socios.

Pero, a menudo, no se reconoce que la soledad también afecta a personas de todas las edades, incluidos los niños, y es particularmente frecuente en la adolescencia. Los estudios han demostrado que entre 20 y 80% de los adolescentes reportan sentirse solos a menudo, y se comparan con el 40 a 50% en una población anciana.

Otro mito es que la soledad se asocia típicamente con estar solo, pero también afecta a las personas cuando están rodeadas por otros y bien conectados socialmente. Esto es porque la soledad es sobre la calidad y no la cantidad de relaciones que tenemos, por lo que una persona puede tener un montón de amigos, pero no sentir que satisface sus necesidades de contacto social.

¿Cómo se supera?

Esta cuestión no ha sido fácil para los investigadores el aumento de las oportunidades de hacer amigos no siempre resulta en la reducción de la soledad de una persona. Ciertamente, cuando la gente se siente sola porque está aislada socialmente puede ser utilizado por la misma persona para justificar su soledad.

En un estudio reciente, la soledad se redujo en las personas mayores en cuando se les dio capacitación en el uso de medios sociales para que pudieran permanecer en contacto con su familia y seres queridos. Pero parece que no es tan simple como esto, porque ofrecer tales oportunidades no reduce uniformemente la soledad.

En una revisión reciente, los investigadores encontraron que las estrategias para reducir la soledad que se dirigen a los procesos de pensamiento negativos fueron los más exitosos. Así que parece que para algunas personas solitarias, reducir el aislamiento social y ayudarlos a conectarse con otros reduce la soledad. Pero aquellos que han estado solos durante varios años tendrán ansiedad por hacer nuevos amigos y ellos pueden desconfiar de los demás y decepcionarse de sus propias habilidades sociales. Necesitan apoyo para cambiar su visión de sí mismos, y sobre cómo reaccionarán los demás hacia ellos, concluye Harris.




Publicado en http://quo.mx/noticias/2015/04/06/como-la-soledad-dana-tu-salud

jueves, 24 de enero de 2013

La soledad, la diabetes y el ámate sólo a ti mismo.

Llevo un tiempo intentando salir del agujero en el que entré tras sufrir la operación de corazón y, casi a la vez, la amputación de mi dedo. Cuando hay tanto en  contra, o te levantas,  o te levantas, porque no hay más que hacer en la vida que levantarse. Ya hay demasiados en el suelo lloriqueando por nimiedades: que si le ha salido una arruga, que si el jefe le chilló, o que si al que ama no le ama... con la cantidad de gente que hay por ahí para amar. Nos preocupamos de tontadas.

Para cada uno no hay mayor problema, ni mayor dolor, que el suyo propio, y hay que respetarlo. Y los míos me llevaron a ser consciente de que si la ciencia me dejaba a mi suerte tenía que buscar alternativas. Las busqué.

La mente es poderosa, y está demostrado que el efecto placebo es capaz de sanar tanto como el medicamento mismo. Así que me tiré de cabeza a por placebos, y encontré algo más que eso.

A través de un familiar conocí a una mujer maravillosa a la que adoro y respeto. Hoy es mi amiga. Ella ha estado dando reiki y sea por lo que sea estoy mejor. No, el reiki no te cura. Si oyes frases como “yo te voy a curar”, o “yo te voy a quitar tu enfermedad”, sal corriendo, porque mienten. Te hace sentir mejor, y para mí eso es más que suficiente.


Después de esa mejora, y tras meses de encontrarme bien, quise aprender cómo se hacía, y he hecho un curso. Es ahí donde, para no variar, falla la cosa. Sea en Medicina o en Terapias Alternativas el dinero lo corrompe todo.

La mujer que impartió el curso acabó enfadándose conmigo porque primero decía que preguntábamos poco, y cuando me puse a preguntar pasó de una actitud amorosa a otra agresiva. Nos ofreció algo para eliminar la "mala energía" de los móviles y le pedí otro para mi hija, y ahí ya se soltó la coleta, y levantándome la voz delante del grupo que había pagado igual que yo me dijo que yo "debía" quererme a mí misma y sólo a mi misma. Y le dije que ni hablar, que nunca en mi vida lo había hecho y que no pensaba cambiar. Así que me aseguró que nunca me curaré.







Pero, ¿a ver cómo se cura una de un trasplante?, ¿me saldrán nuevos órganos funcionantes?, ¿volveré a los catorce años cuando no tenía diabetes? Sí claro, y como no creo, ¡zas!, vas y te jodes fastidias.

En Chile piensan comenzar a utilizar terapias alternativas en la Medicina oficial. Pero no tan alternativa como la de los propios indígenas del país. "Las medicinas de nuestros pueblos originarios (medicina tradicional) no entran en esta definición". Vaya incongruencia. Y yo me pregunto, que si para poder curar como médico has de pasarte seis años de carrera, incluido el MIR, ¿qué se les exigirá a los alternativos?, ¿qué salarios tendrán?, ¿se les homologará como a los titulados?, ¿se crearán nuevas carreras con esos contenidos no científicos? Un lío, vamos. 

A mí me enseñaron que debía amar al prójimo como a mi misma, ni más, ni menos, y estoy orgullosa de esa enseñanza. Si sólo nos amásemos a nosotros mismos sufriríamos más aún la anestesia social que hoy nos invade; no seríamos capaces de evolucionar jamás, porque no pensaríamos en el bien común, sino en el propio; la solidaridad, uno de los mejores valores adquiridos tras la dictadura española, aquí se iría a tomar por culo saco y nadie se presentaría a cara descubierta en una manifestación con una pancarta que dijera qué queremos para todos, no sólo para nosotros mismos.

Sí, no me extraña que la crisis económica vaya acompañada de una crisis en valores, pero no todos somos ortodoxos de religión o técnica celeste, ni egoístas como la copa de un pino. La marea blanca lo demuestra. Nuestros médicos lo demuestran día a día; y nuestras enfermeras, y nuestros maestros y tantos otros. No van a trabajar sólo por la pasta que les podría hacer ganar dinero para ellos solitos porque se aman más que a nadie. También lo hacen -muchos lo hacen- desde un espíritu colectivo donde, como diría John Donne, "nadie es una isla completo en sí mismo".

Y hablando de islas, ahora resulta que la soledad, la enfermedad del siglo XX, y mucho me temo que de otros muchos siglos venideros, es también culpable del  aumento de la diabetes. Pero, ¿por qué nos va a extrañar? Soledad=estrés=ansiedad=sedentarismo=hambre=tener azúcares baratos en el frigorífico=obesidad; así que diabetes de nuevo, aunque el solitario se repita mañana, tarde y noche ante el espejo que se quiere más que a ningún otro.


Beatriz González Villegas.