Hoy de nuevo he vivido una lección de lucha, esperanza y
vida. De la mano de nuestro querido doctor
José Pérez Bernal, han llegado al
Rincón Solidario dos mujeres con historias muy distintas y llenas de fortaleza. Una se llama
Beatriz González y refleja en su rostro el agradecimiento continuo a quien le dejó seguir viviendo.
Rocío Parejo es una madre coraje que nunca perdió la esperanza de que su hijo
Carlos, de tan sólo 6 años, pudiera llevar una vida normal como la que hoy disfruta.
A
Beatriz la vida quiso ponerle su primera barrera a los 13 años. Siendo una niña le diagnosticaron diabetes. Con esa edad ella no podía imaginar que iba a tener que
luchar contra esa muerte que a veces se empecina con una persona sin dejarla vivir tranquila. Pero aquí la batalla la ganó
Beatriz. Sus ganas de salir
victoriosa le han llevado hoy día a tener un riñón y un páncreas nuevo que le permiten llevar una vida normal…y comer todo lo que quiera aunque ahora prefiere cuidarse por esa tontería que tenemos las mujeres. Se ha llevado muchos años sufriendo. Para
Beatriz la vida es un
reto que no va a dejar escapar. Rodeada de la gente que la quiere, esta “
Bética Diabética”, como se define ella, hoy no para de sonreír y querer transmitirle al mundo que ella está viva gracias a la
solidaridad y la
entereza de una familia a la que hoy le falta un miembro. Ese que le ha dado vida
Beatriz.
El caso de
Rocío es bien distinto. Ella no está trasplantada de nada, pero sí su hijo
Carlos de 6 años. Ya en su vientre los médicos le avisaron de los problemas que podía tener su futuro bebé. Y así fue. Pocos días tenía cuando los problemas afloraron. Aguantó un año y medio con medicamentos pero llegó el día que ya no aguantó más y comenzó a someterse a diálisis peritoneal. Con tan sólo año y medio este pequeño se llevaba todas las noches
llorando de dolor, el mismo que sentían sus padres al ver que no podían remediarlo. Pero
Carlos quería vivir y lo demostraba cada día. Por eso, a
Rocío y a su familia nunca se les pasó por la cabeza tirar la toalla y eso que sufrieron muchísimo. Tanto que, debido a que no comía, no llegaba a esos ansiados
10 kilos que le permitirían entrar en lista de espera. Llegó y también el riñón. Tenía 3 años cuando lo intervinieron. Hoy, como ya he dicho, tiene 6 y, además de comerse todo lo que le ponen por delante, es un niño agradecido y
lleno de vida. Y no es para menos, porque aunque él no es consciente de lo que realmente ha pasado, algún día, espero que leyendo estas líneas que les dedico a su familia, a él y a todos los
trasplantados y donantes, se percate de que tiene una familia maravillosa que siempre confió en él y en sus
ansias de vivir.
Dos ejemplos más de lo que significa
esperanza, lucha, sufrimiento… y sobre todo, dos ejemplos más de
solidaridad pues si no llega a ser por esas personas que decidieron donar los órganos de ese niño o ese familiar, hoy
Beatriz y
Carlos ni estarían disfrutando de la vida, ni del Betis.
Gracias a las dos por lo que me habéis aportado y gracias doctor por permitirme sentir estas historias como propias.
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